Orígenes astures.
Tierras de reconquista. Parajes de reyes y leyendas
"Tierras del
Rey fueron éstas en los primeros siglos de la Reconquista. En ellas,
despejado el campo y asegurada la línea menor del reino astur, se fundaron
monasterios y cenobios y se crearon villas con amplias franquicias de
repoblación, levantando fortalezas y poniendo en ellas capitanes dignos de
merced por sus servicios al Rey.
Ya antes, con indefinida cronología de milenios, los montes de Ordás y sus
contornos sostuvieron núcleos humanos bajo el rudimento de las primitivas
asociaciones, de los que subsisten muchos y ateridos testimonios, como el
Castrillón de Pedregal, junto a la confluencia de los ríos Órbigo y Luna, en
la punta de una meseta de aluvión rojizo, con su talud de cerca y amplia
escotadura desligándolo; los castros de Adrados, explorados en parte por el
infatigable arqueólogo, P. César Morán, el de San Julián de Mataluenga, el
del Valle de San Vicente, entre el Selga y Canales, tal vez los que con el
óbito de su ciclo dejaron noble solar a las fortalezas, hoy en jirones, de
Ordás y La Falamosa.
Los leones coronados de Ordás enaltecen el emblema de una larga crónica de
caballeros de pendón y caldera. En sus hazañas legendarias, también
emparentadas con las luchas de los concejos en las riberas del Omaña, hay
sangre y venganza y cautiverio. En la torre de Ordás fue degollado Don Ares
por su tío el adelantado y en la torre sufrió presión doña Leonor, requerida
por el amor malsano del dueño.
Los siglos no han podido derrotar esa torre solitaria que es como la última
almena de un castillo derruido, el bastión misterioso del pasado que sepultó
la gloria de sus adustos moradores."
Valles de Leyenda. Florentino
Agustín Diez, Luis Mateo Diez y Antón Diez. Edilesa, 1994. Ejemplar 2.659